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¿Existe la sedación anestésica?

Hoy recordamos un artículo de Alberto Gironés Muriel, Médico Anestesiólogo del Hospital Sanitas la Moraleja, Profesor Asociado de la Universidad Católica San Antonio de Murcia y miembro del Consejo Editorial de la revista electrónica Anestesiar.

¿Existe la sedación anestésica? Una infravaloración peligrosa

 En nuestro medio es muy común oír a nuestros pacientes hablar de una simple sedación. Este concepto de sedación ha quedado desvirtuado en nuestra actividad como anestesiólogos por diversas causas -incluso entre compañeros de profesión-, que utilizan de manera equivocada dicho término.

Se ha creado una definición de sedación desvirtuada y sobrevalorada, apoyada a su vez por las distintas entidades que gestionan la sanidad, tanto pública como privada. Esto ha originado una peligrosa infravaloración de dicha técnica anestésica, que trae consigo una merma de recursos tanto humanos, técnicos como económicos. Disminuyendo sensiblemente la adecuada seguridad para el paciente que debe imperar en estos procedimientos.

Esto ha llevado a la realización algunos de estos procedimientos por personal no especializado en anestesiología, hecho con el que la Sociedad Española de Anestesiología no está conforme y que puede suponer un grave perjuicio legal a aquella persona o institución clínica que la practique sin la debida titulación en Anestesiología y que presente alguna complicación. Así como el uso de hipnóticos cuya utilización está reservada en España para profesionales que tengan la adecuada titulación en anestesiología o en medicina intensiva.

La sedación se aplica para múltiples procedimientos y la compresión de dicho término lleva a un estado de confusión tal entre pacientes, médicos y gestores de salud que desde aquí apoyamos la afirmación tantas veces expresada por algún compañero

La sedación profunda

la sedación inconsciente

la sedación superficial

la sedación basal, la sedación pediátrica…

NO EXISTEN

Para la Real Academia de la Lengua; sedar (del latín sedare) es apaciguar, calmar, sosegar… Son conceptos asimilables a la ansiolisis. Dicho termino se aplica a un procedimiento que busca calmar al paciente sin anular su consciencia.

Es común aplicar el concepto sedación a lo que propugna la ansiolisis pero mucho más frecuente es aplicar el concepto “sedación” a un termino que debería referenciarse como anestesia general.

Para la literatura médica, la sedación representa muchos conceptos. como la ansiolisis ya comentada, o la que propugna la American Society of Anesthesiologist (ASA) que introduce el termino, sedación/analgesia y que es muy precisa.

“El estado de la consciencia que permite a los pacientes tolerar procedimientos poco placenteros mientras que se mantiene una adecuada función cardiopulmonar y la habilidad de responder de forma adecuada a ordenes verbales y/o a estímulos táctiles“.

En todos estos casos siempre se mantiene la premisa de una disminución de la consciencia pero sin perderla del todo y la capacidad de responder a estímulos verbales o físicos.

Con la demanda de la sociedad de procedimientos terapéuticos o diagnósticos placenteros, asistimos al nacimiento de la llamada sedación profunda, para referirnos a una ausencia de consciencia durante el procedimiento médico a pesar de recibir diferentes estímulos (especialmente los dolorosos) Afirmando, que resulta una técnica sencilla, sin riesgos y que permite mejorar el confort de multitud de procedimientos y técnicas diagnósticas. Asistimos a una nueva forma de nominalizar la conocida anestesia general en ventilación espontánea, bajo un término no aceptado por la comunidad anestésica, y que supone una disminución de los parámetros de seguridad que debería asistir al paciente.

Tenemos por tanto unos conceptos que se mezclan y que no logran definir convenientemente a la sedación como un acto anestésico bien definido y por tanto valorable.

INCONSCIENCIA, INMOVILIDAD, ANALGESIA

 Son las tres esferas que definen clásicamente una actuación anestésica general. Y las tres se superponen en nuestro quehacer diario. Unos conceptos que todo el mundo entiende y que sirven para poner de relieve la tremenda complejidad de procesos implicados en la mal llamada sedación.

¿Sedación inconsciente?

La perdida de la consciencia es la gran frontera para definir una actuación anestésica. La inconsciencia farmacológica implica muchos procesos, y trae consigo una serie de reacciones o respuestas en nuestro organismo que debemos controlar, pues siempre pueden suponer un riesgo vital para el paciente. Estamos hablando de la depresión respiratoria, de la disminución del gasto cardiaco y de la paulatina perdida de reflejos protectores principalmente. Esto lleva a la afirmación que una perdida de conciencia farmacológica siempre debería ser realizada por alguien capacitado para atender a estas tres respuestas.

¿Y la analgesia?

Al contrario de lo que el profano en conceptos anestésicos entiende (incluidos nuestros colegas médicos no especialistas), la movilidad no implica “despertar” o consciencia. Son conceptos que se desarrollan en territorios distintos de nuestro organismo. El movimiento durante un procedimiento diagnóstico o terapéutico, es provocado por un estímulo (doloroso o no) y puede suceder aunque el paciente se encuentre con un grado de inconsciencia profundo. Los anestesiólogos, por tanto, desarrollamos la analgesia necesaria en cada proceso de una manera global, cuidando las implicaciones de los distintos fármacos en las tres esferas referidas anteriormente, pues sabemos que ausencia de consciencia no implica ausencia de dolor y viceversa.

Por tanto, hablar de una sedación pediátrica para minimizar la técnica anestésica, y así, trasladar una menor sensación de peligro a los padres, es incurrir en errores de concepto y un posible engaño a dichos progenitores.

En las llamadas técnicas menores o en pruebas diagnósticas (como una resonancia), y que requiera una actuación anestésica, esta será siempre con pérdida de consciencia. Sedar o calmar a un paciente pediátrico y ordenarle que no se mueva mientras realizamos dicha técnica se antoja una tarea ardua cuando no imposible. En estos supuestos, donde es necesario una inmovilidad y a veces analgesia. Estamos hablando de técnicas anestésicas generales, con variantes, pero anestesias generales al fin y al cabo.

De la misma manera, el grado de profundidad anestésica que aplican a procedimientos como colonoscopias o endoscopias digestivas es la misma que se aplica a un legrado evacuador, o a una resección de pólipos en vejiga por poner algunos ejemplos. Se alcanza el mismo grado de hipnosis, analgesia y control de la inmovilidad, pero la percepción de la técnica parece ser distinta.

Para llegar al manejo de estas técnicas generales en espontanea, en las que no es necesario aplicar una ventilación mecánica, el anestesiólogo debe controlar no solo la farmacocinética de los distintos fármacos utilizados, sino controlar las consecuencias de su efecto, capacitación que se consigue con el aprendizaje tutelado tras varios años de estudio y práctica de la especialidad.

No se puede entender el fin de diversos cursos de capacitación de dos o tres días que ofrecen una supuesta formación para desarrollar dicha “sedación profunda”, o el uso de hipnóticos como el propofol, cuando se tarda años en formar a un anestesiólogo/intensivista para tal fin.

Así lo entiende

La Sociedad Española de Anestesiología

La Sociedad Europea de Anestesia

El Documento de Helsinki en su declaración sobre la seguridad del paciente en la anestesia

Propugnando en su momento el error de infravalorar dichas anestesias.

A.Gironés Muriel.

Publicado por A.Gironés el 30 diciembre 2013 en AnestesiaR, AnestesiaRtv, ARtv-Fundamentos, Calidad,Sedación, Seguridad Asistencial

Fuente: Anestesiar